Demuelen la casa de Pablo Escobar donde reportaron rituales satánicos
Una propiedad que durante décadas estuvo vinculada a la historia criminal de Medellín comenzó a desaparecer. La Alcaldía de Medellín inició la demolición de una antigua casa de Pablo Escobar, ubicada en el barrio El Diamante N.º 2, en El Poblado, que durante años permaneció abandonada y terminó convertida, según denuncias de los habitantes, en un punto de encuentro para el consumo de drogas, rituales satánicos, encuentros sexuales y actividades que alimentaban la apología al narcotráfico. Los vecinos celebraron la intervención y aseguraron que llevaban tiempo solicitando una solución ante los problemas de seguridad y convivencia que generaba el inmueble.
De propiedad de la familia Escobar a escenario de abandono y oscuras prácticas
La historia de esta propiedad se remonta a 1979, cuando Victoria Eugenia Henao, esposa de Pablo Escobar, adquirió el inmueble. El predio cuenta con un lote de 1.854 metros cuadrados y permaneció vinculado a la familia del narcotraficante hasta 2004, cuando la Fiscalía General de la Nación impuso medidas cautelares.
Posteriormente, el bien pasó al Fondo para la Rehabilitación, Inversión Social y Lucha contra el Crimen Organizado (FRISCO), administrado por la Sociedad de Activos Especiales (SAE), luego del proceso de extinción de dominio.
Sin embargo, mientras avanzaba su situación jurídica, la construcción entró en un progresivo estado de deterioro. La vegetación cubrió buena parte de sus espacios y el abandono facilitó, según los reportes institucionales y las denuncias de la comunidad, diferentes actividades que afectaron la tranquilidad del sector.
En el interior se identificaron grafitis con cruces, estrellas de David y totumas, elementos asociados en los reportes a denuncias sobre presuntos rituales satánicos. También se documentaron situaciones relacionadas con el consumo de estupefacientes y bebidas alcohólicas, encuentros sexuales y la realización de videoclips con grupos de rockeros.






Vecinos denuncian años de inseguridad y celebran la demolición
Para los habitantes de El Diamante N.º 2, la demolición representa el fin de una problemática que, según aseguran, afectó durante años la seguridad y la tranquilidad de sus familias.
Lina María Eche Berri, residente del sector y representante de la comunidad, explicó que los vecinos acudieron reiteradamente a la Alcaldía de Medellín para solicitar una intervención que permitiera recuperar este espacio.
«En esta casa venían y hacían ritos satánicos, venían a consumir drogas y también había un señor que vendía droga acá en la vuelta. Para nosotros era muy maluco, porque se había puesto un poquito peligrosa toda esta zona», relató.
La residente también denunció que algunas personas ingresaban al inmueble durante varias horas, protagonizaban situaciones que alteraban la tranquilidad de los vecinos y utilizaban la propiedad para realizar actividades relacionadas con el ocultismo.
«Venían, entraban parejas y se quedaban ahí horas y gritaban. También hicieron varios programas de ocultismo. De verdad, esto para la zona no era bueno», agregó.
Eche Berri destacó el acompañamiento de la Administración Distrital y aseguró que la comunidad recibe con satisfacción el inicio de la demolición, una intervención que, según explicó, habían solicitado durante mucho tiempo sin conseguir que se materializara.
El narcoturismo y la glorificación de Pablo Escobar, otra preocupación del sector
Más allá de los problemas de seguridad, los habitantes también cuestionaron que la propiedad continuara alimentando el interés turístico alrededor de la figura de Pablo Escobar.
La residente recordó que durante los años más difíciles de la violencia en Medellín, el sector presenció la llegada de buses y excursiones que recorrían diferentes lugares relacionados con la historia del narcotraficante.
«Yo viví la época de los años 80 y nos tocó esa época de Pablo Escobar. La gente era feliz trayendo buses y haciendo excursiones, contando todo el tour de Pablo. Algo que nos ha gustado mucho de esta Administración es que quiere que ese pasado se borre, y ese pasado lo estábamos viviendo acá, en pleno Poblado», manifestó.
Su testimonio refleja una de las preocupaciones que rodean el patrimonio asociado al narcotráfico: que los lugares vinculados a estructuras criminales terminen convertidos en escenarios de admiración y entretenimiento, sin considerar el sufrimiento que dejaron la violencia, los asesinatos y el terrorismo en Medellín.






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«En Medellín no hay cabida para quienes hagan apología al delito»
Durante el inicio de la demolición, Manuel Villa Mejía, alcalde encargado de Medellín y secretario de Seguridad y Convivencia, destacó que la intervención representa un paso para transformar espacios relacionados con la historia criminal de la ciudad.
El funcionario recordó que el inmueble estuvo vinculado a un proceso de extinción de dominio adelantado por la Fiscalía, que culminó con la transferencia de los derechos al FRISCO, administrado por la SAE.
«Hoy damos un paso importante para dejar atrás esos espacios que alimentan imaginarios de violencia, imaginarios de oscuridad y culto a las estructuras criminales. Estamos recuperando ciudad y cerrándole la puerta a cualquier expresión que pretenda convertir nuestro pasado del narcotráfico en un motivo de admiración», afirmó Villa Mejía.
El alcalde encargado insistió en que la Administración Distrital trabaja para transformar lugares asociados a la ilegalidad y evitar que continúen como escenarios de actividades que afectan la convivencia o exaltan a los responsables de la violencia.
«En Medellín estamos trabajando para transformar los espacios que durante muchos años estuvieron asociados a la ilegalidad y convertirlos en oportunidades para la convivencia, la seguridad y la vida. No vamos a permitir que estos lugares sigan siendo escenarios de actividades que atentan contra la tranquilidad de la comunidad o que exalten la historia criminal de nuestra ciudad», señaló.
Finalmente, dejó un mensaje contundente frente a cualquier intento de glorificar a los narcotraficantes.
«Que quede claro: en Medellín no hay cabida para nada ni para nadie que le haga apología al delito, que glorifique a los criminales o que convierta el narcotráfico y la violencia en referentes. Aquí no hay espacio para los símbolos del crimen. Aquí defendemos la vida, la legalidad y el respeto por nuestra ciudad», concluyó.
Una intervención para cerrar un capítulo oscuro de Medellín
La demolición de esta propiedad marca un nuevo capítulo en la recuperación de espacios que permanecieron asociados al pasado criminal de Medellín.
La intervención también responde a las solicitudes de una comunidad que durante años convivió con problemas de inseguridad, consumo de drogas y actividades que afectaban su tranquilidad.
Con esta actuación, el Distrito busca impedir que el inmueble continúe como punto de encuentro para actividades irregulares y como referente del narcoturismo.
La casa que alguna vez perteneció a la familia de Pablo Escobar comienza a desaparecer. Para los vecinos, su demolición significa recuperar tranquilidad; para la ciudad, representa un mensaje frente a quienes todavía pretenden convertir la historia del narcotráfico en motivo de admiración.



